Sentirse Bien

10 mitos sobre lo que engorda

El culto a la figura delgada, el interés por seguir dietas de toda clase para adelgazar y la entendible preocupación por no sobrepasarse del peso ideal han llevado a que surjan falsas creencias sobre aquello que engorda y aquello que no. Desmitifiquemos 10 de las más extendidas:

El pan engorda. Esta es una de las frases más repetidas en torno a los alimentos que supuestamente engordan. El pan suministra abundantes carbohidratos, nutrientes que el organismo requiere en mayor cantidad y que deben representar entre 50 y 60% del total de calorías de la dieta promedio. Sobre los carbohidratos existe la falsa creencia de que engordan, cuando en realidad su valor calórico es de 4 kilocalorías por gramo, como el de las proteínas, mientras que el de las grasas es de 9 kilocalorías por gramo. Casi siempre lo que aumenta las calorías del pan es el acompañante –mantequilla, mayonesa, embutidos, queso, etc–, alimentos en su mayoría ricos en grasa.

Tomar agua durante las comidas engorda. Falso. El agua no aporta energía, es decir que no engorda durante, ni antes ni después de las comidas.

El agua quina o tónica engorda menos que los refrescos. A pesar de su sabor amargo, esta bebida contiene 90 gramos de azúcar por litro, lo que se traduce en 120 kilocalorías por una lata de 333 cc.

Combinar carbohidratos y proteínas en una misma comida engorda. No tiene lógica separar unos alimentos de otros cuando su misma composición, en innumerables casos, es una mezcla compleja de carbohidratos, proteínas y grasas. Nuestro aparato digestivo está perfectamente capacitado para realizar la digestión de cualquier mezcla de alimentos (desde luego que el proceso digestivo será menos o más “pesado” dependiendo del balance que tenga o no dicha mezcla).

Los alimentos integrales no engordan. La única diferencia entre los alimentos integrales y los refinados es que los primeros aportan más fibra que los segundos, pero la composición del resto de sus nutrientes es la misma, por lo que una misma cantidad de unos y otros aporta igual cantidad de calorías.

El aceite de oliva no engorda. Al igual que todos los aceites, el aceite de oliva aporta 9 kilocalorías por gramo, es decir que una cucharada sopera de aceite (12 gramos) contiene 108 kilocalorías.

El cambur engorda. Esta es una verdad a medias. Ciertamente el cambur aporta más calorías (85-90) por cada 100 gramos que la mayoría de las frutas, pero un cambur promedio, con concha, pesa unos 140 gramos, mientras que una fruta cualquiera –mango, manzana, pera, guayaba– pesa normalmente alrededor de 200 gramos. Sólo hay que reducir la cantidad de las frutas más calóricas (cambur, higos, uvas, entre otras) para que su aporte energético sea igual que el de una fruta menos calórica como una naranja o una manzana.

La carne de cerdo engorda. Esta carne tiene fama de ser una de las más grasas y calóricas, pero esto no es del todo cierto. Esencialmente, la cantidad de grasa varía según el corte; por ejemplo, el lomo de cerdo tiene sólo 5 gramos de grasa por cada 100 gramos, mientras que las costillas alrededor de 25 gramos, sólo un poco más que sus equivalentes de res o de ternera. Sin embargo, casi toda la grasa de la carne de cerdo es superficial, o sea que es muy fácil de eliminar y así obtener una carne magra.

La pasta engorda. Producto derivado de los cereales, la pasta está compuesta más que todo por carbohidratos y contiene sólo 1% de grasa. Igual que sucede con el pan, el asunto está en el acompañante, o sea las salsas, sobre todo las que son a base de crema de leche y las abundantes en queso.

Comer entre comidas engorda. Este mito es uno de los más opuestos a la verdad. Por el contrario, todas las dietas, tanto para adelgazar como para ganar peso, prescriben dividir la cantidad de calorías diarias en cinco comidas (las tres principales más una pequeña a media mañana y la merienda de la tarde). Esto hace que no perdamos energías y nos ayuda a mantener activo el metabolismo, con lo cual llegamos con menos hambre a la comida siguiente.

Como verás, de estas falsas creencias se desprende, una vez más, que la clave para mantenerse en el peso idóneo radica en una dieta sana y balanceada, acompañada de actividad física diaria.




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10 mitos sobre lo que engorda

El culto a la figura delgada, el interés por seguir dietas de toda clase para adelgazar y la entendible preocupación por no sobrepasarse del peso ideal han llevado a que surjan falsas creencias sobre aquello que engorda y aquello que no. Desmitifiquemos 10 de las más extendidas:

El pan engorda. Esta es una de las frases más repetidas en torno a los alimentos que supuestamente engordan. El pan suministra abundantes carbohidratos, nutrientes que el organismo requiere en mayor cantidad y que deben representar entre 50 y 60% del total de calorías de la dieta promedio. Sobre los carbohidratos existe la falsa creencia de que engordan, cuando en realidad su valor calórico es de 4 kilocalorías por gramo, como el de las proteínas, mientras que el de las grasas es de 9 kilocalorías por gramo. Casi siempre lo que aumenta las calorías del pan es el acompañante –mantequilla, mayonesa, embutidos, queso, etc–, alimentos en su mayoría ricos en grasa.

Tomar agua durante las comidas engorda. Falso. El agua no aporta energía, es decir que no engorda durante, ni antes ni después de las comidas.

El agua quina o tónica engorda menos que los refrescos. A pesar de su sabor amargo, esta bebida contiene 90 gramos de azúcar por litro, lo que se traduce en 120 kilocalorías por una lata de 333 cc.

Combinar carbohidratos y proteínas en una misma comida engorda. No tiene lógica separar unos alimentos de otros cuando su misma composición, en innumerables casos, es una mezcla compleja de carbohidratos, proteínas y grasas. Nuestro aparato digestivo está perfectamente capacitado para realizar la digestión de cualquier mezcla de alimentos (desde luego que el proceso digestivo será menos o más “pesado” dependiendo del balance que tenga o no dicha mezcla).

Los alimentos integrales no engordan. La única diferencia entre los alimentos integrales y los refinados es que los primeros aportan más fibra que los segundos, pero la composición del resto de sus nutrientes es la misma, por lo que una misma cantidad de unos y otros aporta igual cantidad de calorías.

El aceite de oliva no engorda. Al igual que todos los aceites, el aceite de oliva aporta 9 kilocalorías por gramo, es decir que una cucharada sopera de aceite (12 gramos) contiene 108 kilocalorías.

El cambur engorda. Esta es una verdad a medias. Ciertamente el cambur aporta más calorías (85-90) por cada 100 gramos que la mayoría de las frutas, pero un cambur promedio, con concha, pesa unos 140 gramos, mientras que una fruta cualquiera –mango, manzana, pera, guayaba– pesa normalmente alrededor de 200 gramos. Sólo hay que reducir la cantidad de las frutas más calóricas (cambur, higos, uvas, entre otras) para que su aporte energético sea igual que el de una fruta menos calórica como una naranja o una manzana.

La carne de cerdo engorda. Esta carne tiene fama de ser una de las más grasas y calóricas, pero esto no es del todo cierto. Esencialmente, la cantidad de grasa varía según el corte; por ejemplo, el lomo de cerdo tiene sólo 5 gramos de grasa por cada 100 gramos, mientras que las costillas alrededor de 25 gramos, sólo un poco más que sus equivalentes de res o de ternera. Sin embargo, casi toda la grasa de la carne de cerdo es superficial, o sea que es muy fácil de eliminar y así obtener una carne magra.

La pasta engorda. Producto derivado de los cereales, la pasta está compuesta más que todo por carbohidratos y contiene sólo 1% de grasa. Igual que sucede con el pan, el asunto está en el acompañante, o sea las salsas, sobre todo las que son a base de crema de leche y las abundantes en queso.

Comer entre comidas engorda. Este mito es uno de los más opuestos a la verdad. Por el contrario, todas las dietas, tanto para adelgazar como para ganar peso, prescriben dividir la cantidad de calorías diarias en cinco comidas (las tres principales más una pequeña a media mañana y la merienda de la tarde). Esto hace que no perdamos energías y nos ayuda a mantener activo el metabolismo, con lo cual llegamos con menos hambre a la comida siguiente.

Como verás, de estas falsas creencias se desprende, una vez más, que la clave para mantenerse en el peso idóneo radica en una dieta sana y balanceada, acompañada de actividad física diaria.