Sentirse Bien

Alimentación adecuada en los primeros tres años

La buena alimentación durante los tres primeros años de vida de los niños es esencial para su sano crecimiento. Esta fase representa la fundación de las bases de la llamada primera infancia (hasta los siete años), fundamental para todo el desarrollo posterior del niño.

Hasta los tres meses de edad hay consenso entre los pediatras y los nutricionistas en cuanto a que la leche materna debe ser el único alimento. A partir del cuarto mes ya hay divergencia de criterios, pero en líneas generales se considera que se puede empezar a combinar la leche materna con las fórmulas especiales para bebés lactantes. En todo caso, no cabe duda de que la leche materna es el mejor alimento para el bebé menor de seis meses y que el momento para la llamada “ablactación”, etapa en la que se inicia la introducción paulatina de otros alimentos, dependerá de la evaluación del pediatra.

En algún momento entre el cuarto y el sexto mes, tu médico te dirá cuándo es pertinente comenzar a darle al bebé compotas y ciertos jugos de frutas, y ya a partir del sexto mes, siempre también bajo la orientación del facultativo, el bebé debería estar en capacidad de comer purés de verduras y yogur natural sin azúcar.

A partir del primer año, poco a poco, el niño ya puede comer alimentos troceados y disfrutar de lo que come compartiendo eventualmente la mesa en familia. Asimismo podrá experimentar una comida más completa, que incluya un primer plato (sopa), un segundo plato (carne molida o picada muy finamente, huevo, verduras sancochadas machacadas o en puré, pastina, etc) y un postre (fruta picadita, yogur, etc). Las necesidades nutricionales del niño en esta etapa dependerán de su desarrollo, peso y medidas, así como de su grado de actividad.

Entre el primer y el segundo año, la leche es de vital importancia para suplir las necesidades diarias de vitamina D de los bebés. En esta fase necesitarán entre ½ litro y ¾ de litro de leche entera al día, siempre con la posibilidad de reemplazar parte de esta leche con productos lácteos como yogur y queso. Lo ideal es que el bebé vaya dejando el tetero y empiece a tomar leche en vaso o taza.

A partir de los dos años el niño ya hará cuatro comidas diarias (desayuno, almuerzo, merienda y cena) y, en algunos casos, puede tomar un suplemento lácteo (leche con galletas, por ejemplo) antes de acostarse. En cuanto al aporte calórico de estas comidas, es importante distribuirlo con equilibrio. En este sentido, los especialistas recomiendan en general que las calorías diarias se repartan de la siguiente manera: 30% en el desayuno, 30% en el almuerzo, 15% en la merienda y 25% en la cena.

En esta etapa tan importante en la alimentación de nuestros pequeños, debemos cuidar que la comida no esté muy condimentada, ni muy salada ni muy azucarada. Igualmente, debemos estar atentos para evitar que el niño no adopte conductas alimentarias caprichosas que lo lleven a querer repetir siempre los mismos alimentos y a sentir aversión por otros.




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Alimentación adecuada en los primeros tres años

La buena alimentación durante los tres primeros años de vida de los niños es esencial para su sano crecimiento. Esta fase representa la fundación de las bases de la llamada primera infancia (hasta los siete años), fundamental para todo el desarrollo posterior del niño.

Hasta los tres meses de edad hay consenso entre los pediatras y los nutricionistas en cuanto a que la leche materna debe ser el único alimento. A partir del cuarto mes ya hay divergencia de criterios, pero en líneas generales se considera que se puede empezar a combinar la leche materna con las fórmulas especiales para bebés lactantes. En todo caso, no cabe duda de que la leche materna es el mejor alimento para el bebé menor de seis meses y que el momento para la llamada “ablactación”, etapa en la que se inicia la introducción paulatina de otros alimentos, dependerá de la evaluación del pediatra.

En algún momento entre el cuarto y el sexto mes, tu médico te dirá cuándo es pertinente comenzar a darle al bebé compotas y ciertos jugos de frutas, y ya a partir del sexto mes, siempre también bajo la orientación del facultativo, el bebé debería estar en capacidad de comer purés de verduras y yogur natural sin azúcar.

A partir del primer año, poco a poco, el niño ya puede comer alimentos troceados y disfrutar de lo que come compartiendo eventualmente la mesa en familia. Asimismo podrá experimentar una comida más completa, que incluya un primer plato (sopa), un segundo plato (carne molida o picada muy finamente, huevo, verduras sancochadas machacadas o en puré, pastina, etc) y un postre (fruta picadita, yogur, etc). Las necesidades nutricionales del niño en esta etapa dependerán de su desarrollo, peso y medidas, así como de su grado de actividad.

Entre el primer y el segundo año, la leche es de vital importancia para suplir las necesidades diarias de vitamina D de los bebés. En esta fase necesitarán entre ½ litro y ¾ de litro de leche entera al día, siempre con la posibilidad de reemplazar parte de esta leche con productos lácteos como yogur y queso. Lo ideal es que el bebé vaya dejando el tetero y empiece a tomar leche en vaso o taza.

A partir de los dos años el niño ya hará cuatro comidas diarias (desayuno, almuerzo, merienda y cena) y, en algunos casos, puede tomar un suplemento lácteo (leche con galletas, por ejemplo) antes de acostarse. En cuanto al aporte calórico de estas comidas, es importante distribuirlo con equilibrio. En este sentido, los especialistas recomiendan en general que las calorías diarias se repartan de la siguiente manera: 30% en el desayuno, 30% en el almuerzo, 15% en la merienda y 25% en la cena.

En esta etapa tan importante en la alimentación de nuestros pequeños, debemos cuidar que la comida no esté muy condimentada, ni muy salada ni muy azucarada. Igualmente, debemos estar atentos para evitar que el niño no adopte conductas alimentarias caprichosas que lo lleven a querer repetir siempre los mismos alimentos y a sentir aversión por otros.