Sentirse Bien

No ocultes tus emociones

Ya sabemos que todos los extremos son malos. En el mundo de hoy se ha extendido tal vez demasiado la idea de que es muy importante racionalizar los problemas para abordarlos de una manera lógica y solucionarlos sin traumas. Desde luego que esto no está mal per se; lo malo es que tal idea ha proliferado acompañada de la falsa noción de que hay que dejar de lado las emociones.

La inmensa mayoría de los psiquiatras y psicólogos son tajantes al afirmar que eso no sirve de nada y que, por el contrario, puede resultar muy contraproducente por el desbalance evidente que supone el darle total preeminencia a nuestro lado racional por encima de nuestro potente componente emocional.

Es obvio que cualquier crisis requiere mucho de raciocinio para solventarla de la mejor manera posible, pero lo primero que nos afectan esas crisis son las emociones. Es por ello que, más que buscarle el lado lógico a todo, es capital aprender a vivir las emociones, es decir: sentirlas tales cuales sin evadirlas e irlas modulando para poder encauzarlas.

Negar las emociones es negarnos a nosotros mismos. Ellas forman parte de nuestra más íntima naturaleza, nos hacen humanos, son vitales para nuestra salud mental y por lo tanto sería un craso error pretender eliminarlas o engavetarlas.

Lo normal es que todo ser humano sienta tristeza, alegría, rabia, miedo, dolor o cualquier otro estado de ánimo. Eso es un simple indicativo de que la persona palpita y vibra. Antes bien, tratar de ocultarlos puede conducir a problemas psicológicos. Por ejemplo: una tristeza ahogada puede convertirse en una profunda depresión; una rabia represada puede ir minando poco a poco las defensas anímicas de alguien hasta que estalle de forma impredeciblemente alocada; un dolor no expresado puede conducir a la amargura, etcétera.

Pero atención: vivir, expresar y drenar nuestras emociones no debe significar que “así me siento y los demás que lo tomen o lo dejen”. Como todo en la vida, la clave es el equilibrio. De lo que se trata en esencia es de darle un sentido constructivo a cada emoción vivida.
 




comparte con nosotros tus comentarios

No ocultes tus emociones

Ya sabemos que todos los extremos son malos. En el mundo de hoy se ha extendido tal vez demasiado la idea de que es muy importante racionalizar los problemas para abordarlos de una manera lógica y solucionarlos sin traumas. Desde luego que esto no está mal per se; lo malo es que tal idea ha proliferado acompañada de la falsa noción de que hay que dejar de lado las emociones.

La inmensa mayoría de los psiquiatras y psicólogos son tajantes al afirmar que eso no sirve de nada y que, por el contrario, puede resultar muy contraproducente por el desbalance evidente que supone el darle total preeminencia a nuestro lado racional por encima de nuestro potente componente emocional.

Es obvio que cualquier crisis requiere mucho de raciocinio para solventarla de la mejor manera posible, pero lo primero que nos afectan esas crisis son las emociones. Es por ello que, más que buscarle el lado lógico a todo, es capital aprender a vivir las emociones, es decir: sentirlas tales cuales sin evadirlas e irlas modulando para poder encauzarlas.

Negar las emociones es negarnos a nosotros mismos. Ellas forman parte de nuestra más íntima naturaleza, nos hacen humanos, son vitales para nuestra salud mental y por lo tanto sería un craso error pretender eliminarlas o engavetarlas.

Lo normal es que todo ser humano sienta tristeza, alegría, rabia, miedo, dolor o cualquier otro estado de ánimo. Eso es un simple indicativo de que la persona palpita y vibra. Antes bien, tratar de ocultarlos puede conducir a problemas psicológicos. Por ejemplo: una tristeza ahogada puede convertirse en una profunda depresión; una rabia represada puede ir minando poco a poco las defensas anímicas de alguien hasta que estalle de forma impredeciblemente alocada; un dolor no expresado puede conducir a la amargura, etcétera.

Pero atención: vivir, expresar y drenar nuestras emociones no debe significar que “así me siento y los demás que lo tomen o lo dejen”. Como todo en la vida, la clave es el equilibrio. De lo que se trata en esencia es de darle un sentido constructivo a cada emoción vivida.